RIO DE JANEIRO
Después de haber pasado parte de la noche en el aeropuerto de Natal y tras casi cuatro horas de traslado, con escala incluida en Recife de apenas una hora, llegamos a Rio de Janeiro, antigua capital de Brasil hasta que se sustituyó por Brasilia.
La impresión que nos causa llegar a Rio o Cidade maravilhosa, como se la conoce popularmente, fue muy distinta para los dos. David porque era la primera vez y Rocío porque vuelve a uno de aquellos lugares que estuvo en su otro viaje por Sudamérica y que personalmente la sugiere sentimientos difícilmente descriptibles, por los buenos momentos que pasó aquí y por todo lo que ella esperó siempre de Rio.
Llegamos bien temprano y lo primero que nos dedicamos es a buscar un hostel en la zona de Ipanema por gusto de Rocío, puesto que está mucho mejor situada para moverse por la ciudad y con más oferta en cuestión de restaurantes y locales de ocio. En un principio nos cuesta encontrar un sitio para alojarnos debido a que ese fin de semana es más largo a ser el viernes feriado, siendo el día de la conciencia negra. Tras preguntar en varios hostel, llegamos a una especie de calle en la que existen un montón de ellos, es como si hubieran cerrado la calle y con el tiempo se hubiera convertido en una finca de cara al exterior pero cada una de las casa conserva su independencia. Tras preguntar en varios, en uno de ellos que figura en la famosa guía Lonely Planet existen un par de camas libres y allí será en donde pasaremos los once días que estemos en Rio de Janeiro. El lugar no es que sea malo, pero tampoco se le podría aplicar el calificativo de bueno, es pasable pero no recomendable, sobre todo existiendo otros justamente al lado, pero bueno, ahí es donde nos quedamos.
L a verdad es que en los once días que pasamos hicimos casi todo lo que se puede hacer en Rio de Janeiro, aunque siempre se te queda algo pendiente, como adentrarnos algo más en la propia ciudad, aunque eso solamente se puede lograr con una persona local, especialmente en esta ciudad en la que la fama de peligrosa siempre acecha, aunque por suerte a nosotros no nos sucedió ningún tipo de altercado. También creo que faltó el darse un bañito en las playas de Copacabana o de Ipanema, aunque después de estar en las playas en las que hemos estado la verdad es que no tuvimos prácticamente ganas de ello, si lo hubiéramos hecho sería únicamente por la foto o el hecho en sí.
Juntos hemos podido ver bastante de lo esta ciudad puede ofrecer, que aunque está muy contaminada y es muy calurosa en esta parte del año, tiene algo que engancha, algo que la hace única y especial. Estuvimos en el monte Corcovado donde se encuentra en lo más alto, a 713m de altura, la figura del Cristo Redentor más famoso del mundo, desde donde se tiene una vista panorámica de la ciudad bastante espectacular, está considerado una de las maravillas de este mundo, algo difícil de entender pues impresionan mas las vistas que se tienen del lugar que la propia figura del Cristo, pero.... El ascenso lo hicimos a través del tren cremallera que existe y que te lleva hasta lo más alto del cerro atravesando la foresta, repoblación hecha en su día para que el rio Corcovado pudiera abastecer de agua limpia a la ciudad de Rio de Janeiro y hoy en día es uno de los parques urbanos más grandes del mundo.
Visita también obligada al Pão de Açucar, con su teleférico, que es símbolo de la ciudad, que asciende primero al morro Urca a 224m de altura y desde allí al morro Pão de Açúcar a 395m de altura y desde donde también se tienen unas vistas espectaculares de parte de la ciudad y sobretodo de la Bahía de Guanabara . Paseamos por las playas de Ipanema, Copacabana, Leblon y Leme con sus famosísimos paseos, y fuimos al Jardín Botánico, uno de los más destacados del mundo con sus más de 8000 especies de plantas diferentes de carácter tropical.
Otra de las visitas más interesantes tanto para los aficionados al futbol como para cualquiera es el Estadio de Maracaná, que durante mucho tiempo fue el estadio de mayor capacidad del mundo con varios records de asistencia a un partido, hoy imposible de que se repitan por las normas de seguridad, de hecho, hoy en día todas las localidades son sentadas pero aún así sigue siendo impresionante. Una de las curiosidades de esta vida es que dicho estadio está pintado de color blanco y celeste en honor al campeón del mundo de 1950, Uruguay, que superó a Brasil en la final contra todo pronóstico.
Otro día estuvimos visitando el pintoresco barrio de Santa Teresa, barrio humilde, con casas de altura limitada y calles antiguas por donde circulan esos tranvías que también hacen tener carácter propio a esta ciudad, uniendo el centro de la ciudad y centro financiero a través de los arcos de Lapa y el último rincón de este barrio situado en una ladera de los morros que posee Rio. A los pies del barrio de Santa Teresa se encuentra la ya famosa y conocida escalera de Celaron, un artista chileno, vecino de la escalera se ha empeñado en su decoración desde el año 73 con azulejos de todo tipo. En ella existen hoy en día azulejos de todas las partes del mundo, a través de los envíos que hacen llegar personas de todo el planeta para que queden fijadas en una parte de esta peculiar escalera, que pese a quien pese se ha convertido en lugar de peregrinación de turistas,Por la tarde nos recorremos el Centro Financiero, con sus edificios gigantescos y fríos, de caras planas y de cristal, su innovadora catedral, que como los edificios de oficinas, fría, obra del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer.
Como actividad muy recomendable y gratificante fue el día que alquilamos un par de bicicletas y conocimos Rio en este medio de transporte. La ciudad posee mucho carril bici (aquí llamado Ciclovia), y aunque la contaminación es elevada, puedes ir por toda la costa y alrededor de la laguna de Rodrigo Freitas sin problemas hasta el teleférico que sube al cerro Pão de Açucar. Nosotros disfrutamos mucho.
También hay que remarcar, que pudimos ver al Real Madrid en el "Garota de Ipanema", uno de los bares más famosos de la ciudad y donde una tarde de 1960, Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes, sentados tomando un whisky, vieron pasar a una joven carioca y compusieron la archiconocida y versionada canción de "La chica de Ipanema".
Sin lugar a dudas Rio de Janeiro es una ciudad muy peculiar, especialmente por el lugar donde se levanta y por la gente que lo habita, ciudad de las más modernas de Brasil, conocida en el mundo entero por sus playas y carnavales, y que a partir de ahora recibirá otro impulso con la celebración de la final del campeonato del mundo de futbol en el 2014 y con las olimpiadas del 2016, que aunque se lo arrebataron a Madrid, creo que se lo merecen para poder demostrar que esta gente tiene algo que ofrecer al mundo y que pueden ser capaces de organizar unos juegos olímpicos para todo el mundo.
Tras 11 días de estancia en Rio de Janeiro ponemos rumbo a otro lugar paradisiaco de este país y que se sitúa en este mismo estado, Ilha Grande.
ILHA GRANDE
Tras tres horas y media de bus y recorrer 150 km al sur de la ciudad de Rio de Janeiro, se sitúa un lugar difícil de olvidar llamado Ilha Grande. Para llegar a esta isla tuvimos que tomar una lancha desde Angra dos Reis, puesto que perdimos el ferri. Durante el trayecto en la lancha podemos comprobar lo maravilloso y excepcional del lugar hacia donde nos dirigimos. Tras casi cuarenta minutos llegamos a la aldea mayor donde existen la mayor parte de alojamientos de la isla llamada Villa de Abraao, en la que nos dirigimos a un hostel recomendado por un brasileño que coincidimos en Joao Pessoa llamada Hostel El Holandés, se encuentra al final de la villa tras subir alguna cuestecita pero pegado a la foresta. La verdad es que el hostel es genial y nos quedamos alojados en una especie de cabaña individual, una pasada (las fotos hablan por sí solas, no?).
Ese mismo día antes de cenar estuvimos disfrutando de una de las maravillosas playas que tiene la isla cerca de la villa, playa Preta, y la verdad es que dicha playa es una maravilla, aguas tranquilas y cristalinas.
Para que se pueda comprender mejor de lo maravilloso del lugar tan solo decir que no existe ni un solo vehículo terrestre a motor, únicamente de la policía, un camión y un tractor para la recogida de la basura, vamos una pasada que se hace difícil de imaginar si no se ve, debido a lo implantado que se encuentra en nuestro modelo de sociedad. El resultado es un sitio tranquilo, natural, libre de todo tipo de humos. La prohibición de los vehículos a motor es tal que hasta el transporte de todo tipo de mercancías se lleva a cabo en carretillas tiradas por hombres. Cabe decir que por su carácter aislado (es una isla!!), Ilha Grande albergó desde siempre alguna prisión en su interior. La última (de alta seguridad), se cerró en 1994, con lo que os podeís imaginar que todo esté tan virgen y no haya casi nada, Ilha Grande fue hasta hace bien poco propiedad en exclusiva del gobierno brasileño y casi nadie vivía allí. Fue declarada hace prácticamente poco parque nacional, y hay un largo porcentaje de territorio en el que los humanos tienen vetado el paso. Cuesta creer que en un pasado no muy lejano, todo Brasil tenía la misma vegetación y fauna exuberante que hoy sólo vemos en Ilha Grande.
En este idílico lugar permanecimos 7 días y al final decidimos irnos porque se tiró lloviendo durante tres días seguidos casi de forma constante y la verdad es que las previsiones no eran demasiados buenas, por lo que casi contra nuestro deseo nos fuimos puesto que en un sitio como este lloviendo el día se puede hacer algo largo. A lo largo de estos días pudimos disfrutar según muchos de la mejor playa de Brasil y una de las mejores del mundo, la playa Lopes Mendes, en la que se llegamos a ella tras casi tres horas de caminata a través de la foresta (selva), en la que Rocío sufrió lo suyo pero después de ver el lugar se la olvidaron todos los sufrimientos y dolores del camino. Un lugar que se nos hace difícil de adjetivar, magnífico, impresionante,... tan solo ver las fotos. Playa inmensa, arena blanca, sin ningún tipo de actividad económica, solo vegetación alrededor, aguas cristalinas, vamos, como el agua del canal de Isabel II, los peces estaban a nuestro alrededor, sin apenas gente,....
La vuelta a la villa la hicimos barco desde otra playa cercana que aunque cómodo no fue menos lindo, comprobando parte del litoral de este paraíso.
Otro día nos recorrimos los atractivos más cercanos a la villa, como un acueducto, construido para llevar el agua a una antigua hacienda y después convertida en lazareto (una especie de sanatorio donde llevaban a los enfermos de enfermedades contagiosas que venían en los barcos desde Europa, para que no infestaran el continente)y luego en prisión, y hoy en día solo ruinas. Ilha Grande tiene algo de misterio que se nota en el ambiente, su historia nos lo recuerda en cada momento. Después del paseo pasamos el resto del día disfrutando de las playas.
Al día siguiente, debido a diferentes motivos físicos y emocionales Rocío decidió quedarse a disfrutar de las playas cercanas a la villa mientras que David decide conocer otra parte de la isla, andar un poco por la foresta y conocer otro par de playas, que aunque no son tan espectaculares como la de Lopes Mendes son dignas de ser visitadas, aunque el día no acompaña para observar lo bellas que son debido a que el cielo se encuentra encapotado.
A nuestro pesar, el resto de los días se tira prácticamente lloviendo todo el día y aunque al final hicimos algo de vida social, el tercer día que también amaneció encapotado decidimos seguir haciendo camino y poner rumbo a Curitiba, que será nuestro siguiente destino.
Se nos quedaron un par de cosas que deseábamos hacer y visitar pero debido al tiempo no pudo ser, una pena, pero bueno, ya tenemos motivo para volver algún otro día, que aunque la presión turística será mayor esperemos que no la suficiente para hacer desaparecer estos bellos paisajes naturales, sería una verdadera lástima, pero su proximidad a la bulliciosa ciudad de Rio, la hace un destino demasiado cercano para explotar.