Un tanto quemados por la experiencia en el peor hostel de Brasil, llegamos a uno de la misma cadena en la ciudad de JOAO PESSOA, capital del estado de Paraíba. Y la sorpresa fue bastante grata, pues aunque seguíamos durmiendo en habitaciones separadas y la gente seguía dirigiéndose a nosotros en portugués, el ambiente era otro, había wi-fi  no gratuito pero había, pero también existía otra red abierta, por lo que al final no tuvimos que pagar el impuesto revolucionario, la playa estaba cerca y el hostel era muy bonito y bien cuidado.

Joao Pessoa es una ciudad tranquila, a veces demasiado, lo comprobamos el domingo, nuestro primer día allí, pues suponiendo que casi todo el mundo se iría a la playa,  decidimos visitar el centro histórico. No es que hubiera poca gente es que nos lo encontramos desierto, no había nadie por la calle, con lo que pudimos pasear tranquilamente y sin prisas. Se recorre rápido y todo está muy cerca. Lo que más nos impresionó de la ciudad fue comprobar con lástima algo muy común en las ciudades brasileñas: el desorden y la poca armonía a la hora de construir edificios que no pegan ni con cola, parece  que las normas arquitectónicas brillan por su ausencia o por lo menos en su aplicación. Hay en Joao Pessoa edificios mega altos, grisáceos, estrechos y sucios, al lado de casas coloniales o en la misma plaza central. David dice que parecen CPUs, y tiene razón. Aunque también hay que remarcar que es una de las pocas ciudades de Brasil que no permite construir edificios altos en la costa....pero 200 m al interior hay autenticas barbaridades

El lunes nos fuimos a las playas de la zona norte de Joao Pessoa y la verdad es que estuvimos genial, puesto que la playa estaba prácticamente desierta, bastante natural, plana,  de arena blanca y aguas cristalinas. Desde el punto de vista de David muy bien, para Rocío no tan bueno ya que hay olas, pero bueno, apenas sin importancia.

Y como no es una ciudad muy orientada al turismo internacional, para visitar las hermosas y casi vírgenes playas que rodean la ciudad, hay que viajar en coche, los autobuses casi no llegan, con lo que aunque somos un poco reticentes a realizar excursiones organizadas,  el martes no  nos quedo otra que contratar un tour de este tipo que recorría las playas del sur de la ciudad. Al final mereció la pena. Lo hicimos con otros dos paulistas (es decir, dos chicos de Sao Paulo) y un guía que parecía Bitelchus en un buggy a toda leche por las carreteras de Joao Pessoa, que me dejó dolor muscular de tanto que me agarré a la barra de seguridad, y unos nudos en el pelo que ni Dios desenredaba....El caso es que tanto las playas de Gramame o Jacuma eran preciosas así como la de Coqueirinho, considerada una de las mejores de Brasil, simplemente viendo las fotos sobra cualquier tipo de descripción. También estuvimos en la primera playa naturista que existió en Brasil, la de Tambaba, muy bonita y con piscinas naturales, aunque la mayor parte de la playa tiene bastante oleaje al no tener coral o roca  que impida su entrada. La  playa estaba vacía, la atracción estaba a la entrada ya que la gente se hacía fotos en un cartel y junto a un puesto de dos funcionarias de Brasil que indicaban la normativa a cumplir al otro lado. Un detalle a remarcar, tenías que ir acompañado, nunca solo.  Ninguno de los dos nunca habíamos estado en ninguna de este tipo, así que ya podemos decir que la primera vez que nos bañamos en el mar como nuestra madre nos trajo al mundo, fue en Brasil.

Con el tour también hicimos una parada en Ponta da Seixas, la parte más oriental de toda Sudamérica. Hay un monumento que conmemora ser el punto más cercano a África de todo el continente y es por donde antes amanece de toda Sudamérica.

En definitiva, la excursión estuvo bastante bien pero todo esto hubiera sido más interesante si hubiéramos ido nosotros con nuestros propios medios para dedicar el tiempo que merece cada sitio para poder disfrutar de aquellos parajes libres de la intervención masiva del hombre, que generalmente los jode al dotarlos de esos supuestos servicios necesarios.

Nuestro paso por Joao Pessoa fue tranquilo, descansamos y además por fin hablamos con gente viajera como nosotros, es más, queríamos ir a Natal antes de volar a Rio de janeiro, pero todos nos hablaron mal de dicha ciudad y fue Lili, una francesa super viajera la que nos recomendó que en vez de allí fuéramos a Pipa, que se encuentra antes de llegar a Natal y que es mucho mejor, a los dos nos pareció buena idea y encima nos pillaba de paso, por lo que esta es nuestra próxima parada de nuestro viaje.